Morir joven en México: la racialización al límite

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Por Gisela Carlos Fregoso (carlosfregosogisela@hotmail.com )

En un libro de más o menos reciente publicación (y bastante caro; me costó $3,300 pesos mexicanos), Leith Mullings y Charles Hale sostienen que vivimos en momentos en donde impera un proyecto racial de retracción ¿qué quiere decir esto? y ¿para qué nos sirve saber esto en un lugar como Jalisco, estado que tiene las cifras más altas en desaparición de México, y se encuentra no en el primer lugar, pero sí en los más altos sitios en donde se cometen feminicidios?

En algunas de sus páginas ambas autoras sostienen (Charly: siéntete incluido en el femenino) que este proyecto racial de retracción no surgió de un día para otro; incluso mencionan que, por ejemplo, desde la década de los setenta en Estados Unidos comenzó a haber discursos sobre el “racismo reverso”, algo que nos puede parecer muy familiar en México en estos días con “racismo a la inversa”.

Siguiendo las ideas de académicas como Achille Mbembe y Nancy Fraser (Achille: siéntete incluido en el femenino), vivimos en una época en donde por una parte, hay una democracia liberal al mismo tiempo en que, por otro lado coexiste con un capitalismo neoliberal, o un “neliberalismo progresivo” según palabras de esta filósofa estadounidense (o sea, Fraser).

Si bien en la década de los noventa se alcanzaron ciertos logros (pensemos que son los años en que se gestan las acciones afirmativas en Brasil y Colombia; los años en que se reconoce a México como una nación pluricultural mediante la modificación del artículo 2), como señalan Mullings y Hale, también hubo reveses que sin ellos, no se explica el desastre que tenemos en estos momentos.

Recuerdo que fue en la década de los noventas (tendría yo como unos catorce o quince años) que comenzó a escucharse lo que ahora conocemos como “las muertas de Juárez”; y también recuerdo aquella sugerencia que hizo la periodista Elena Poniatwoska a las mujeres de Ciudad Juárez: “mujer, ten listas las llaves de tu coche en cuanto salgas del trabajo”, frase que evidenciaba el desconocimiento de la blanquedad (gente blanca, con blanquitud y privilegios de estatus, capitales económicos, sociales y culturales) de lo que estaría por ocurrir: 100,000 desaparecidos y 35,000 muertos en la guerra contra el narcotráfico.

Bueno, pues volviendo al texto, el mentado neoliberalismo progresivo que viene gestándose desde la Segunda Guerra Mundial, ha fallado en solucionar las demandas más básicas de las personas históricamente racializadas en desventaja e incluso, sus garras han alcanzado a poblaciones que antes pensábamos hegemónicas, como personas mestizas de piel clara y clase media. Los años de festejo por los pequeños logros se han esfumado; las alegrías por reconstruir juntas de buen gobierno, consejos de ancianos en comunidades indígenas castellanizadas con azotes, o la reconfiguración de asambleas comunitarias como lugares como Azqueltán Jalisco, se han visto opacados por el recuerdo de unos tráileres deambulando por la ciudad de Guadalajara con cientos de cuerpos descompuestos o por la noticia de que una mujer trans llamada Zoe fue agredida con ácido en gran parte de su cara y cuerpo. Tanto los cuerpos en descomposición (los que todavía eran identificables) como Zoe estaban en un rango de edad que se puede clasificar como “joven”.

Si bien ya el profesor José Manuel Valenzuela Arce (que según entiendo sigue enseñando en Tijuana) acuñó el concepto de “juvenicidio”, también Rita Segato en palabras de Danny Ramírez han acuñado el término de “femigenocidio” para referirse a las muertes sistemáticas, constantes, como gotita de agua en la piedra que este sistema neoliberal progresivo se lleva día con día.

Y de acuerdo a Mullings y Hale, uno de los argumentos que dan carnita a este sistema de muerte, son ideas como “merecían morir jóvenes”. Lo que están detrás de esta terrible frase es el motivo (o lo que no se dice) de por qué pensamos que merecían morir jóvenes. Como señaló esta señora jalisquilla que se hizo famosa por su retwit al gobernador Enrique Alfaro en el contexto de protestas: “¿están seguros que son de Guadalajara? porque se ven jóvenes muy morenos”. Lo que hay detrás de “merecían morir jóvenes” son ideas como: por migrar encontró la muerte Moise Kabamgabe; por ejercer el trabajo sexual merecían ser desaparecidas (lo que es equivalente a frases como: por putas les pasa eso); por andar loqueando los paró la poli y ya no aparecieron ni buscando debajo de las piedras.

Pienso que la verdadera retracción (o contracción o achicamiento) de este proyecto racial de muerte, es la justificación de la muerte misma cuando ocurre en personas radicalizadas negativamente y que, como personas mestizas (no indígenas y no afro/negras) en las Américas, somos tremendamente responsables de esto (y no es para que tomemos un chicote y nos azotemos), sino que este revés que ahora vemos, es constitutivo de nuestro “bien-estar” o de nuestros privilegios.

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También puedes consultar el texto en el siguiente link: https://antirracismomexico.blogspot.com/2022/02/morir-joven-en-mexico-la-racializacion.html

Te invitamos a revisar otros textos de Gisela en su blog  La blanquedad lo engulle todo

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